Adolescencia, autismo y el difícil equilibrio entre ayudar y permitir crecer
Hay asuntos que en todas las familias de personas, niños, adolescentes e incluso a veces adultos con autismo, aparece muy a menudo. Los padres queremos ayudar. A veces mucho. A veces es demasiado. Y no nos damos cuenta de que esa reacción a medio y largo plazo, no es buena ni para la persona con autismo ni tampoco para nosotros.
Todos queremos anticiparnos a las dificultades, evitar situaciones incómodas, resolver conflictos antes de que escalen o intervenir rápidamente cuando algo empieza a ir mal.
Y es completamente comprensible. Cuando tu hijo o hija tiene autismo, sabes que muchas situaciones cotidianas pueden ser más complejas: las relaciones sociales, la gestión emocional, los cambios inesperados, la toma de decisiones o la organización diaria. Tenemos el impulso natural de proteger, especialmente las madres.
Sin embargo, en los últimos años la investigación en psicología del desarrollo, la neurociencia y la educación ha empezado a señalar algo importante: cuando los adultos intervenimos constantemente para resolver los problemas de los jóvenes, podemos generar efectos no intencionados en su desarrollo.
Esto se ha estudiado mucho en lo que se conoce como overparenting o helicopter parenting (sobreimplicación parental).
¿De donde viene el término de los «padres helicóptero»?
El psicólogo israelí-estadounidense Haim Ginott utilizó la expresión por primera vez en su libro «Between Parent and Teenager» (Entre padres y adolescentes) en 1969. La idea surgió cuando un adolescente le comentó: «Mi madre sobrevolaba sobre mí como un helicóptero», describiendo la sensación de vigilancia constante. El concepto fue popularizado años más tarde, específicamente en la década de 1990, por los autores Foster Cline y Jim Fay en su libro «Parenting with Love and Logic»
La idea representa situaciones donde los padres vamos ocultándonos o vigilamos a distancia, especialmente en momentos donde nuestros hijos tienen que hacer actividades solos.

¿Qué ocurre cuando ayudamos demasiado?
Los estudios recientes sugieren que cuando los adultos solucionan de forma sistemática los retos cotidianos de los adolescentes, estos pueden tener menos oportunidades para desarrollar algunas habilidades clave. Nos referimos a:
• Toma de decisiones.
• Resolución de problemas.
• La tolerancia a la frustración.
• Sentido de competencia personal.
• Autonomía.
Algunas investigaciones recientes han encontrado asociaciones entre niveles altos de sobreprotección parental y menor sensación de autoeficacia, menor resiliencia psicológica y mayores niveles de ansiedad o estrés en adolescentes y jóvenes adultos. Esto no significa que el apoyo parental sea negativo. Al contrario: el apoyo es fundamental. Lo que marca la diferencia es cómo se ofrece ese apoyo, y como desde las familias somos conscientes del nivel real de apoyo que necesita cada persona.
¿Qué pasa en el cerebro de un niño o adolescente sobre ayudado?
Hay un punto que siempre cuando hablamos de un tema nos gusta incluir, y es ser conscientes de que nuestras conductas producen cambios fisiológicos en el cerebro. El cerebro y el sistema nervioso son los órganos afectados por el autismo y todo lo que pueda afectar un cambio en ellos es significativamente relevante.
Cuando un niño o adolescente recibe demasiada ayuda, su cerebro no desarrolla de manera óptima algunas redes neuronales relacionadas con autonomía, resolución de problemas y regulación emocional:
- Menos activación de la corteza prefrontal: La corteza prefrontal es la zona del cerebro responsable de tomar decisiones, planificar, controlar impulsos y resolver problemas. Cuando los adultos hacen tareas por ellos o intervienen antes de que el niño intente algo por sí mismo, esta área recibe menos “entrenamiento”, y las conexiones sinápticas que fortalecen la toma de decisiones y el pensamiento crítico pueden desarrollarse más lentamente.
- Refuerzo de la dependencia: Cada vez que alguien resuelve un problema en lugar del niño, el cerebro aprende que “no necesito esforzarme, alguien más lo hará”. Esto activa redes relacionadas con recompensa inmediata (circuito dopaminérgico) y refuerza la dependencia de ayuda externa, dificultando la motivación intrínseca.
- Menor resiliencia al estrés: En situaciones de frustración moderada, el cerebro desarrolla regulación emocional, involucrando la amígdala y conexiones con la corteza prefrontal. Si el niño o el adolescente nunca enfrenta pequeños desafíos por sí mismo, estas conexiones no se entrenan. Resultado: mayor ansiedad cuando finalmente enfrenta un reto sin ayuda.
- Menor consolidación de aprendizaje basado en la experiencia: El hipocampo, esencial para aprender de la experiencia y consolidar recuerdos, se activa más cuando el niño resuelve problemas por sí mismo y reflexiona sobre errores. Sobreayudar reduce esta activación, haciendo que la memoria de aprendizaje práctico y la adaptación ante errores sea menor.
En adolescentes con autismo: más apoyo, pero también más oportunidades
En el caso de adolescentes con autismo, esta cuestión es todavía más relevante. La adolescencia es de los periodos más críticos en el desarrollo del ser humano, ya que es un proceso donde hay cambios a nivel cerebral muy importantes, las personas van definiendo su personalidad de una manera más compleja, no sólo a nivel interior, sino que se definen más a nivel social, definen límites y son más conscientes de sus capacidades, de su futuro y de lo que quieren ser.
Muchas de las dificultades propias del autismo como las de las funciones ejecutivas, la flexibilidad cognitiva, la interpretación social o regulación emocional, pueden hacer que el entorno tienda a intervenir rápidamente, en este caso los padres y quita la experiencia de la propia gestión al adolescente. Pero si todo lo resolvemos nosotros, los adolescentes pierden oportunidades de practicar habilidades que necesitarán en la vida adulta.
Por eso, uno de los objetivos clave durante la adolescencia debería ser entrenar la autonomía de forma gradual y acompañada. Pasar de hacer las cosas por ellos a hacerlas con ellos, y poco a poco facilitar que puedan hacerlas solos. Esta parte, la de ir retirando los apoyos supone que los roles de cuidadores también deben ir cambiando para los padres y como ocurren con los cambios, también puede haber bastante resistencia por parte del entorno.
Algunas estrategias para tener en cuenta
En el actividades con adolescentes con autismo es recomendable aplicar pequeños cambios que tienen un gran impacto a largo plazo:

Porque la adolescencia, es una etapa en la que se está construyendo algo fundamental: la identidad como persona capaz, cada uno o una en sus habilidades y destrezas. Y eso es independiente de ser autista. Esta etapa de cambios no es sólo para el adolescente con TEA, es también para nosotros, los padres.
¿Te parece suficiente información para entender que la sobre ayuda no es positiva a largo plazo? Si te interesa profundizar en cómo acompañar la transición a la adolescencia y vida adulta en jóvenes con autismo, en NorTEA estamos desarrollando el Proyecto AD-TEAM, una iniciativa centrada en apoyo, autonomía y desarrollo de habilidades para adolescentes dentro del espectro en un entorno de ocio.
Referencias y estudios recientes
Childhood experiences of being parented, adult attachment, psychological inflexibility, social engagement, and mental health of autistic adults. Jia Ying Sarah Lee, Koa Whittingham, Amy E. Mitchell, .Research in Developmental Disabilities,
Volume 130, 2022.
Linking Parenting Styles and Practices to Anxiety and Physical Activity in Autistic Youth: A Mediation Model. Yaffe, Y., Ben-Eli, M., Huri, O., Hazan-Liran, B., & Levental, O. (2025). Children, 12(11), 1510. https://doi.org/10.3390/children12111510
Autor: Ana Sanz Robledo

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