Soy madre de N., una niña diagnosticada con autismo desde los 15 meses. Recuerdo la primera vez que la llevé a la piscina: tenia 4 años e intentamos que acudiera a una actividad de piscina «normal», con otros niños de su edad.

Era un grupito de 10 niños y permaneció como año y medio, pero era complicado tanto la entrada como la salida de la piscina, como que siguiera instrucciones del monitor. Las dificultades de comunicación y de entender un entorno con tanto estímulo era muy complicado entonces, cuando además siempre había sentido una gran atracción por el mundo acuático.

Hoy, años después, la veo nadar con independencia, reír con sus compañeros y regular mejor su energía después de cada sesión. Este artículo nace desde esa experiencia íntima, pero también se apoya en la evidencia científica: la natación y las intervenciones acuáticas ofrecen beneficios motores, sociales y cognitivos relevantes para muchas personas en el espectro autista.

Mi experiencia: del miedo al orgullo

Al principio, la piscina fue un reto sensorial y emocional para N. El contacto con el agua, los ruidos, la temperatura y la necesidad de seguir instrucciones fueron abrumadores. Sabía que no podía continuar en clases «normales» porque no estaba preparada para tanto estímulo que no podía filtrar y eso le impedía avanzar en su aprendizaje.

En esa época, buscamos una opción de una actividad que fuera clases de natación con adaptaciones para personas con TEA. Y las encontramos en la asociación. Poco a poco, con instructores pacientes, rutinas repetidas y apoyos visuales de ejercicios concretos para ella, para mejorar la flotación, poder sumergirse, la inmersión reducía el exceso de estímulos visuales, y los movimientos rítmicos en el agua le ayudaron a mejorar la coordinación. Con tiempo, aprendió a patear, a seguir mejor las instrucciones, a tirarse y a salir, a sostener la respiración, a iniciarse en estilos y, lo más importante para mí, a disfrutar y a esperar en las actividades tan divertidas que se le planteaban.

¿Qué dice la ciencia?

El agua ofrece características únicas: la flotación disminuye el esfuerzo postural, la resistencia permite movimientos lentos y controlados que facilitan el aprendizaje motor, y la presión hidrostática proporciona una entrada sensorial profunda que muchos niños encuentran organizadora. Además, el contexto lúdico y no escolar de la piscina favorece la motivación y el refuerzo natural. La literatura científica avala muchos de los cambios que yo observé en ella con el paso de los años:

  • Mejoras motoras y de habilidades acuáticas. Programas estructurados de natación y entrenamiento acuático muestran mejoras en habilidades motoras gruesas y competencia acuática en niños con TEA, incluyendo adquisición de habilidades de seguridad en el agua y progresos en la independencia motora.
  • Beneficios sociales y conductuales. Estudios y revisiones resaltan que las intervenciones acuáticas pueden mejorar interacciones sociales, conductas adaptativas y reducir conductas repetitivas en algunos niños con autismo. La dinámica de grupos reducidos y actividades guiadas favorece la comunicación y el juego compartido.
  • Regulación sensorial y emocional. Las propiedades fisiológicas del medio (flotación, presión hidrostática, resistencia) ayudan a la autorregulación: muchas familias reportan menos ansiedad y mejor sueño tras periodos regulares de actividad acuática. Revisiones recientes y metaanálisis apoyan que la inmersión y el ejercicio en agua contribuyen a la autorregulación en niños con TEA.
  • Mejoras en funciones ejecutivas y cognitivas. Algunos estudios muestran beneficios en la atención, control inhibitorio y planificación tras programas acuáticos regulares, sugiriendo que el ejercicio en agua favorece también procesos cognitivos asociados a la vida diaria.

Qué funcionó para nosotros (sugerencias prácticas)

Pues si tuviera que dar la receta de lo que nos funcionó y creo que puede ayudar a muchas personas que busquen actividades de este tipo para sus hijos o hijas:

  • Profesionales formados: instructores con experiencia en TEA e incluso personas que sin experiencia como tal estaban predispuestas a enseñar adaptando las actividades marcaron la diferencia; adaptar el ritmo y las instrucciones fue clave. Los padres recibíamos ese asesoramiento concreto en la sesión y en las maneras de ir completando las tareas.
  • Rutinas y previsibilidad: comenzar siempre con la misma entrada al agua, señales claras y pasos previsibles reduce la ansiedad. Mi hija tenía una plantilla con las instrucciones de actividades que debía hacer en cada sesión y también dispuso de ayudas y de anticipaciones a la hora de acceder a la clase, uso de los vestuarios, etc…
  • Apoyos: usar flotadores, gafas, o baños de inmersión progresiva según la tolerancia. En mi hija fuimos haciendo aproximaciones para evitar sobre estimulación en el agua.
  • Grupos pequeños: favorecen la atención individualizada y las interacciones sociales. Había momentos individuales y otros momentos de actividades en grupo
  • Objetivos claros pero en un contexto lúdico: combinar habilidades de seguridad en el agua con metas sociales divertidas. Había objetivos de aprendizaje de competencias natatorias con una gran diversión, para que el aprendizaje sea más atractivo y se retenga más, incluso en tareas o actividades que le podían resultar tediosas.

    La piscina no solo nos enseñó a nadar: nos dio herramientas para regularnos, para conectar más aún con mi hija en una actividad que ella disfrutaba enormemente. Ver a N. lanzarse al agua con confianza fue, para mí, una demostración de que con apoyos adecuados y paciencia, muchas barreras se pueden transformar en oportunidades. Si eres familia, profesional o parte de una asociación, considera incorporar la actividad acuática como parte de los recursos: con seguridad, formación y objetivos claros, el agua puede abrir un mundo de posibilidades.

    Ana Sanz ROBLEDO

    ¿Cómo Participar en la actividad de piscina con Asociación NorTEA?

    Si tienes un hijo o hija con TEA y buscas un programa que le ofrezca apoyo durante esta etapa, Asociación NorTEA está aquí para ayudar, ya que gracias a una colaboración con el Ayuntamiento de Alcobendas, lanzamos las inscripciones de la temporada 2025/2026.

    Para cualquier consulta o aclaración, los interesados en participar en esta actividad pueden dirigirse a través del correo electrónico info@nortea.org.

    Juntos, podemos facilitar un camino para nuestros hijos en este aspecto.

    #Piscina #HabilidadesSociales #Inclusión #Deporte #FamiliasTEA #NorTEA #CreciendoJuntos

    Referencias científicas seleccionadas (lectura recomendada):

    • van ’t Hooft P., et al. Aquatic Interventions to Improve Motor and Social Functioning in Children with ASD: A Systematic Review (2024).
    • Güeita-Rodríguez J., et al. Effects of Aquatic Therapy for Children with Autism Spectrum Disorders (2021).
    • Pan C.-Y. The efficacy of an aquatic program on physical fitness and aquatic skills in children with and without autism spectrum disorders (2011).
    • Marzouki H., et al. Effects of Aquatic Training in Children with Autism (2022).
    • Munn E.E., et al. Improvements in Swim Skills in Children with Autism Participating in Learn-to-Swim Programs (2021).

    Autor: Ana Sanz Robledo