La historia de Cristina y Nicolás

La historia de Cristina y Nicolas
 
Hola, me llamo Cristina y soy la mamá de Nicolás. Esta es nuestra historia. 
 
Suelo leer y escuchar que después de un tiempo de incertidumbre en el que te preguntas qué le pasa a tu hijo, el diagnóstico supone en cierto modo un alivio, significa ponerle nombre a lo incierto, tener algo a lo que enfrentarse.

Para mi no fue así.

Fue un mazazo.

 

El hecho de tener desde hacía tiempo la certeza en mi interior de que algo le pasaba a mi hijo no me ayudó. Confirmé lo que esperaba, y fue terrible.

Ese día en el que el neurólogo introdujo la palabra autismo en nuestras vidas, mi marido venía conmigo, quizás supiéramos, sin decirlo, que íbamos a necesitarnos, pues rara vez vamos al médico los dos juntos.


Él fue y es mi gran apoyo. Me consoló en lo inconsolable, me dijo que haríamos lo que fuera por ayudarle, que iba a mejorar. Yo hice lo que pude por creerle y seguimos adelante.

Y aquí estamos, dos años después.

Las palabras estimulación, logopeda, historia social, pictograma y un largo etcétera han pasado a formar parte de nuestras vidas. Nos hemos adaptado.

Nuestro hijo progresa poco a poco, paso a paso. Tiene casi 4 años y aunque aún habla poco, nos mira y pide algunas cosas, come y se desviste solito, escribe su nombre, juega con la tablet... Sigue sin parecerse a los niños de su edad, pero ya hemos aprendido que él es él, para lo bueno y para lo malo.

Todo él es sensaciones.

Su risa es contagiosa cuando salta en la cama, hunde las manos en la pintura o se emociona con el reflejo del espejo. En esos momentos pienso que me gustaría ser como él: disfrute en estado puro.

Quizás no sepa jugar al pilla pilla, pero se sienta en los sitios en los que da el sol y hace sombras con los juguetes y con su cuerpo. No se le da bien montar en bicicleta, pero se mete en la piscina y bucea como el que más. No sigue los dibujos animados que ven otros niños de su edad, pero se sabe todos sus cuentos de memoria.

No creo que el autismo sea una bendición como dicen algunos. Es un camino arduo y escarpado, lleno de dificultades. Pero es el que nos ha tocado recorrer. 

Y por suerte, muchas veces entre las piedras encontramos flores.

 

Cristina