La historia de Carla y Gonzalo

La historia de Carla y Gonzalo

Hola, soy Carla y me gustaría dejar el testimonio en cuanto a mi experiencia como madre de un niño de 15 años con autismo y su desarrollo.

Mi hijo Gonzalo era un niño diferente desde su primer minuto de vida, porque tuve un parto muy difícil en el que iba a morir, por lo que fuimos separados cerca de 48 horas.

En ese momento comenzó su historia de vida, que pasó a depender de la madre en todo: la dependencia era tal que cuando comenzó a quedarse con su cuidadora, lloró todo el día, una verdadera tormenta.

Fue creciendo y la dependencia por la madre la mantuvo, así que a veces me quería ir de compras sin él y lo dejaba a cargo de su abuela, pero acababa sentado detrás de la puerta de entrada llorando hasta que yo llegaba, no hay palabras para describir mi desesperación y la de toda nuestra familia.

 

Sin embargo, por indicación y atención médica, estábamos cerca de la situación de aprender a gestionar nuestras vidas por su diferencia.

Pero siempre había visto algunas peculiaridades que mi hijo tenía tan distintas, como desear vestirse siempre de color naranja, no dejar que nadie entrara en su habitación para que no le tocaran sus juguetes, siempre tenía su cuarto ordenado, lo que no era normal en un niño, jugaba en una alfombra a poner coches en fila de diferentes colores, en la que, si por si acaso cambiábamos algunos, él sabía dónde estaban y volvía a cambiarlos para su sitio correcto.

Llegamos al momento de entrar a la escuela; el primer año de primaria Gonzalo volvió a mojar la cama, tener pesadillas, no quería ir a la escuela, sabíamos que algo estaba pasando porque su hermano asistió a la misma escuela y le gustaba ir .

Luchamos para averiguar lo que estaba pasando, pues no era normal su actitud: entonces descubrí que el maestro pegaba los niños de 5/6 años que no obedecían.

No se pueden imaginar la locura que vivimos porque Gonzalo no quería volver a la escuela: cuando aquel problema docente se resuelve, éramos tres personas tratando de separarlo de valla de la entrada del colegio, hasta que, con la ayuda de psicólogos obtuvo una solución.

Tuve que estar tres semanas sentada en el suelo, dándole la mano en la clase hasta que volvió a sentir la seguridad, pero no se termina aquí, pues comenzamos el drama del aprendizaje.

Mi hijo para escribir una línea en el libro utilizaba dos o tres, su escritura era toda desordenada, las faltas de ortografía eran más que muchas, no podía fijar o comprender nada que la profesora estaba hablando, así que comencé a coordinarme con ella, y toda la materia que se produjo en la escuela tuve que enseñarle primero en casa con el fin de evitar la discriminación, o los ataques de pánico por no saber cuándo el maestro se acercaba a él.

Con todos estos síntomas sabía que mi hijo era diferente, pero los médicos siempre encontraban una excusa, un trauma...

Pasaron los años y es el momento de mi divorcio, donde Gonzalo debido a problemas muy serios con la salud de su padre tiene miedo, miedo de su padre, el miedo de perder a su madre, miedo a la soledad, miedo a dormir solo, miedo al cambio de la escuela y conocer a sus nuevos compañeros de clase. Sí compañeros porque nunca tuvo amigos.

Sus ataques de pánico volvieron pues deseaba tratar su autocontrol de forma que sus compañeros no lo vieran y bebía agua o solicitaba ir al baño, pero sus profesores no se lo permitían, así él vio sólo una solución: escapar de las lecciones ... terrible.

Hasta que un día mi madre vio un programa de televisión sobre el autismo y de inmediato me llamó y me dijo:

“…Busca en Internet los síntomas de este trastorno, "autismo" porque yo estaba escuchando al Dr. Nuno Lobo Antunes y estaba viendo a tu hijo ...”

Yo estaba trabajando, pero inmediatamente miré y allí estaba mi hijo, por todo lo que comentaban identifiqué mi hijo, cogí el teléfono y contacté de inmediato al médico, que es considerado el mejor especialista en Portugal, solicité una consulta en la misma semana pues necesitaba ayuda urgente

Fuimos a la consulta y luego se le diagnosticó a los 9 años de edad: lo que los otros médicos denominan de trauma este médico le ha llamó AUTISMO.

Inmediatamente iniciamos terapias, sesiones de seguimiento, los exámenes médicos, el entrenamiento especial de la familia de manera para saber reaccionar ante sus actitudes y sus ataques de pánico, el desarrollo de sus capacidades, la introducción de la medicación…Y, finalmente, una luz, un diagnóstico y una esperanza de superar tantas cosas malas.

A pesar de haberme dicho que no tenía cura me sentí aliviada y confiada porque sabía cuál el camino a seguir.

Mi lucha era enorme, pero la paciencia, la persistencia, la confianza, la esperanza y el amor hablaron más alto y empecé a ver mejoras en Gonzalo.

La nueva etapa continuó y los buenos resultados también, mi hijo iba a tener una escuela pacífica, podría obtener buenas calificaciones e incluso tenía un amigo.

Yo estaba contenta con el progreso, pero la página dio la vuelta, ya que por razones profesionales me vine a Madrid donde se me informó de que tenía que ser trasladada aquí o era echada. Otra pesadilla.

No tenía opción, había que cambiar para Madrid sí o sí, pues me quedaba yo sola en la calle con dos hijos.

Salí de mi país, entregué mis hijos al cuidado de mis padres y todos los fines de semana estaba de viaje para Portugal, donde Gonzalo de nuevo no quería ir a la escuela, cada fin de semana quería venir conmigo, un desastre.

Viví mes y medio en un hotel, para ir cada fin de semana a Portugal, pero desde el momento en que alquilé un piso y tranquilicé mi situación comencé a buscar instituto para mi hijo, y gracias al DAT Norte y al ayuda de la doctora Elena del Centro NEO de Alcobendas obtuvo su educación en el Instituto ATENEA como un estudiante común y corriente.

Sin embargo, es necesario que Gonzalo tenga clases TGD y tuvo varias reuniones, varios comentarios sobre el diagnóstico y gracias al compromiso del equipo de TEA y en especial a su tutora Ruth se pudo apoyar.

A partir de ese momento, Gonzalo con gran esfuerzo, dedicación, voluntad, fe y amor día tras día ha podido superar sus problemas, sus miedos, obtener buenas calificaciones en la escuela, hacer amigos e incluso salir con ellos …

Haciendo una retrospectiva de nuestro pasado y de nuestras dificultades hoy en día, veo que nada sucede por casualidad y que había una razón para venir a vivir a Madrid: el éxito y desarrollo de Gonzalo.

El autismo no tiene tratamiento pero puede tener control y pueden creer que todo es posible con el diagnóstico acertado, con un bueno equipo profesional y con una buena orientación de sus padres y entorno familiar, mucha fe y amor ...

Doy las gracias a todos por la forma como fuimos recibidos, por vuestro apoyo, por vuestra ayuda y por toda la inclusión.

Mi agradecimiento y mis felicitaciones a Gonzalo pues ha sido y sigue siendo un guerrero, por luchar y ayudar a los demás con su condición de TEA.

Enhorabuena,

Carla